Ahora que llega el otoño y encaramos el final de año, empezamos a sentir el frío, y eso nos hace recordar con añoranza los momentos pasados bajo el calor del verano. La verdad es que para mi este verano ha sido muy bonito, ya que conseguí hacer realidad uno de mis sueños de la infancia. Cuando era pequeño, mi mejor amigo Raúl se iba un mes de vacaciones con sus padres en caravana. Y cuando volvía a casa después de estar un mes fuera, siempre me contaba lo divertido que era viajar en caravana. Al principio es algo que no se puede entender, ya que por regla general son espacios pequeños que no permiten moverse con facilidad. Pero la realidad es diferente, ya que permiten una libertad muy grande perdiendo sólo un poco de comodidad.
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Abrí la puerta de casa y ahí estaba ella, y sonrió, y yo no sabía qué decir, por eso fue ella quien habló primero: “Cámbiate”, me dijo, “Nos vamos de cena”. Y yo obedecí, como un perrito faldero, porque era raro que preparara una cena sorpresa pero más raro aún era que me esperara arreglada para salir a cenar. “Te voy a llevar a un japonés”, comentó mientras yo me cambiaba de ropa, “¿A un japonés?”, pregunté yo extrañado, y un “sí” fue su única respuesta.
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¿Conocéis ese momento en el que tu cuerpo y tu mente se ponen de acuerdo para decir “basta”? No sabría cómo catalogarlo pero no se lo deseo a nadie, es como si un interruptor que da fuerza al mecanismo de tu organismo tuviera una subida de energía y se quemara. En ese punto ya no hay vuelta atrás, da igual las veces que intentes encenderlo de nuevo porque hasta que no venga un técnico que lo arregle no volverá a funcionar y el problema es que ese técnico no eres más que tú mismo, y no tienes ni idea de por dónde empezar.
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Su nueva oportunidad laboral en Londres podría echar por tierra años de relación, y de hecho así fue, y lo sabía, pero la separación, sólo era cuestión de tiempo y ambos lo sabían, y seguramente si habían estado juntos durante casi 3 años, se debía en parte, a la posibilidad de ascenso de Ignacio, inevitablemente en el extranjero. A Susana nunca le habían gustado los compromisos, pero curiosamente solía solapar una relación con otra y en esta ocasión todo le salía a pedir de boca, ya que sabía que antes o después y sin necesidad de romper, la relación terminaría irremediablemente. Ya no tendría que montar sus típicos numeritos, ni liarse con su mejor amigo para que este la dejara.
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