Organizar eventos en casa es todo un arte. Hay quien odia hacerlo en su propio domicilio porque eso supone un extra de presión al que no están dispuestos a someterse. Otros, en cambio, estamos encantados de hacerlo una y otra vez, con nuestra pareja, nuestros amigos o nuestra familia. El currículum que tenemos algunos en este aspecto ya es a todas luces extenso. Desde el mismo momento en el que me independicé, con apenas 25 años, decidí que todo aquel que me visitara tendría que llevarse una opinión inmejorable de mi rendimiento como anfitrión. Para eso no sólo bastaría con ser amable. Ofrecer una copa y algo de picoteo sería una buena manera de dejar una gran sensación al visitante.
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¿Qué haríais vosotros si os tocara la lotería? Pero un pellizco pequeño, no, yo hablo de uno gordo. Sé que es prácticamente imposible pues las posibilidades de que algo así ocurra deben ser de una entre un millón, pero yo no he podido evitar imaginarme la situación y cada vez que lo pienso se me pone el vello de punta. Probablemente habría comprado un número de la lotería nacional en Lotería Dulcinea de Oro, porque las pocas veces que juego lo hago con ellos, y por la noche vería el número agraciado. “¡DIOS!” exclamaría al comprobar que es el mío, me pondría a llorar y empezaría la aventura.
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¿Quién dijo que para tener una boda de ensueño hace falta invitar a 500 personas, tener un prado verde lleno de flores para el cocktail y las fotos, y luego un banquete por todo lo alto con un chef que te haga menús gourmet con nombres tan variopintos como “entrecot a las hierbas con extracto de cebolla caramelizada y aroma de queso roquefort”, que al final viene a ser lo mismo que decir que el plato principal es un entrecot al roquefort con cebolla caramelizada. De hecho, sólo por poner ese nombre tan divino y media ración en el plato en lugar de una completa ya te cobran el doble de lo normal… pero queda tan bonito…
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A ojos de todos los demás mi vida era más que perfecta, casada con mi novio de toda la vida, pensando en tener hijos, un buen trabajo y un gran círculo de buenos amigos. Sin embargo, y aunque la mía pareciera a simple vista la vida perfecta, otra cosa es como era en realidad. Muchas veces me planteaba si era momento de soltar, de hacer un cambio radical. Al final, dejé mi trabajo como contable y con los ahorros que tenía me puse a estudiar Nutrición, una carrera que siempre me había gustado. Empecé a viajar y a hacer todas las cosas que realmente me apetecían. Pasarían un par de años hasta que conocí al que hoy es mi pareja. Terminé montando una consultoría de nutrición, alquilé una oficina en Cacplus y empecé a ofrecer sesiones privadas como Coach de Nutrición.
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