Corría el año 1975 y por aquel entonces, Ignacio contaba con apenas 18 años de edad, y aunque ya han pasado más de 40 años desde entonces, hoy lo recuerda como si hubiera sido ayer, y jamás podrá olvidarse de la primera vez que vio a Teresa. Era una mañana lluviosa se septiembre y el curso acaba de empezar. Ignacio, que estudiaba periodismo, tomaba un café, cuando de repente, una escandalosa risa estallaba justo detrás de él. En un primer momento, hizo caso omiso, pero la segunda carcajada, la curiosidad pudo con él.
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