Cuando las start up toman nombres de animales

21 Mayo, 2017
Cuando las start up toman nombres de animales

No es nada nuevo que en el mundo empresarial el foco de atención está puesto en las start up, esas empresas que se crean con la intención de crear un producto o servicio diferente a los demás, y que son el centro de inversiones multimillonarias. En Estados Unidos abundan los empresarios que centran sus inversiones en este tipo de empresas.

En España llevamos funcionando con start up desde tiempos inmemoriales, ya que lo más cercano que tenemos son las pymes, y de esas tenemos unas pocas. La mayoría de empresas en España son pymes, que, según el concepto fiscal de la Ley del Impuesto de Sociedades, son aquellas que no superan la cifra de negocios de diez millones de Euros. Más quisiéramos nosotros dejar de ser Start Up.

En el mundo el boom de las start up ha supuesto todo un negocio para muchos negocios que prestan servicios, como puede ser el de las asesorías empresariales o de compliance. También ha supuesto un gran impulso al uso de las nuevas tecnologías de la información, poniendo de moda profesiones que antes no eran conocidas, como por ejemplo los perfiles de community manager, especializados en la gestión de las redes sociales.

La última moda entre los empresarios es la de poner nombre a las empresas, y esto es algo que he descubierto en mi propia experiencia. Hace poco unos compañeros de la universidad nos decidimos a desarrollar algoritmos a petición de uno del padre de mi mejor amigo. Al más puro estilo de Apple en sus comienzos, comenzamos a escribir códigos en el sótano de uno de los compañeros.

Mi compañero de piso que es abogado, me recomendó crear una sociedad, ya que así si algo salía mal podríamos limitar la responsabilidad. Además de que la necesitábamos para facturar. Crear una empresa desde un principio sin saber nada de Derecho o de Economía puede ser una grave dificultad.

Tras crear una sociedad, poner un capital social, y establecer el domicilio social, me di cuenta de que mi función en la empresa tenía que estar dirigida a la organización y representación, ya que mis amigos tenían que ayudarme siempre con los códigos. Ellos lo aceptaron de buen gusto al ver que la primera entrega e implementación de algoritmos era un éxito.

Entonces me plantee empezar a buscar inversores para poder establecernos como una empresa que presta servicios. Esta búsqueda ha sido un verdadero caos, ya que no es fácil ganarte la confianza de los inversores, y menos cuando según ellos “eres un pipiolo que acabas de salir de la facultad”.

Los animales que definen a las empresas

Además, que hacerte a la jerga de los inversores es cuanto menos raro. Los inversores llaman a las start up con nombres de animales. Por ejemplo, una start up cucaracha es aquella que vigila la cuenta de resultados y está pendiente de los clientes continuamente. Esta cautela garantiza la rentabilidad.

Por el contrario, las start up unicornio son aquellas empresas que alcanzan altas valoraciones, y que producen un gran retorno a los inversores que invierten más. Estos son proyectos ambiciosos, y normalmente no tienen las mismas aspiraciones que los proyectos pequeños que son los más recomendables.

Pero no me gustaría acabar este artículo sin reivindicar el esfuerzo que tenemos que hacer aquellos que integramos una start up. La gestión de una empresa es una función que requiere trabajar hasta catorce o quince horas diarias. Y te fuerza a dejar de lado muchas cosas. Por ejemplo,yo he necesitado ayuda para cuidar a mi abuelo y no me arrepiento porque encontré a Bi2t, una empresa especializada en el cuidado de personas dependientes y ancianos en Madrid. Pero para hacer esto hay que saber delegar.

En conclusión, si decides crear o trabajar en una start up, tienes que convertirte en un león, independientemente de que tu start up sea una cucaracha o un unicornio.