Nada volverá a ser como antes…

5 diciembre, 2017
Nada volverá a ser como antes…

Corría el año 1975 y por aquel entonces, Ignacio contaba con apenas 18 años de edad, y aunque ya han pasado más de 40 años desde entonces, hoy lo recuerda como si hubiera sido ayer, y jamás podrá olvidarse de la primera vez que vio a Teresa.

Era una mañana lluviosa se septiembre y el curso acaba de empezar. Ignacio, que estudiaba periodismo, tomaba un café, cuando de repente, una escandalosa risa estallaba justo detrás de él. En un primer momento, hizo caso omiso, pero la segunda carcajada, la curiosidad pudo con él.

Apenas se había girado cuando ya pudo intuir una melena preciosa, unas piernas largas y sobre todo, un olor, que le acompañará hasta que se muera. Hoy, Teresa ya no está,  pero su olor, permanecerá para siempre en su memoria.

Hoy, llora al pensar en la Institución del Divino Maestro, testigo de su amor, de sus noches en vela y de las mejores experiencias de su vida.  Esta residencia de estudiantes en Madrid centro está organizada sobre un régimen profundamente humano y familiar, basado en la libertad y la responsabilidad de cada uno, que hace que los alumnos vean en ella una prolongación de su propia casa.  En esta institución procuran que el universitario adquiera el más amplio bagaje cultural necesario para una mejor convivencia y una formación social y humana a la altura de los tiempos, por lo que organizan actividades, compatibles con sus estudios y llevadas a cabo por ellos mismos a través de comisiones, como son las charlas y coloquios, los certámenes de relato corto y poesía, los concursos de fotografía y cortos de cine, las maratones deportivas, etc. Y para los ratos de ocio, dispone de salas de vídeo, televisión y proyecciones audiovisuales, sala de juegos, sala de música e incluso de una magnífica pista deportiva para fútbol sala, baloncesto y vóleibol. Cómo no iba a ser feliz en esos días en las que podía disfrutar de toda la alegría de ser joven…

¿Para siempre?

Y es ese para siempre el que aterra a Ignacio, ese saber que su “para siempre” será largo y aburrido, y que sin ella, la vida ya no volverá a tener sentido, y que lo pequeño, y lo corto, se le antojará enorme, interminable y letal.

Y ya nunca volverá a ser nada igual que cuando éramos jóvenes… y la frase es repetida en una hilera inagotable de balbuceos apenas inteligibles. Y así, sentado en su hamaca, espera a que el tiempo se le agote, que la muerte cruel, lo arranque despiadada de la vida, y soñando que es por última vez, se termina la absenta.

Esa noche sueña que está muerto y es feliz, pero el despertar le trae un nuevo día y con él la dura realidad: “estoy vivo”… suspira de nuevo. Y de nuevo empieza a llora y a beber. De nuevo vuelve a soñar despierto… Y sueña con ella y baila con ella, y de nuevo, en un eterno devenir sin fin, se vuelve a dormir…

Y sueña…