Sucedió una tarde…

3 octubre, 2017
Sucedió una tarde…

Su nueva oportunidad laboral en Londres podría echar por tierra años de relación, y de hecho así fue, y lo sabía, pero la separación, sólo era cuestión de tiempo y ambos lo sabían, y seguramente si habían estado juntos durante casi 3 años, se debía en parte, a la posibilidad de ascenso de Ignacio, inevitablemente en el extranjero.

A Susana nunca le habían gustado los compromisos, pero curiosamente solía solapar una relación con otra y en esta ocasión todo le salía a pedir de boca, ya que sabía que antes o después y sin necesidad de romper, la relación terminaría irremediablemente. Ya no tendría que montar sus típicos numeritos, ni liarse con su mejor amigo para que este la dejara.

Que Susana no tenía ninguna intención a largo plazo era un hecho evidente, al menos para él, por mucho que ella insistiera en el profundo dolor que le producía saber que su noviazgo tenía una fecha de caducidad. En ningún momento ella se planteó irse con él a Londres, aunque en este momento ella se encontraba en paro, pero tampoco él se lo pidió.

Conocí a Ignacio a los pocos meses de su llegada a Londres, y fue de pura casualidad. Yo estaba en el aeropuerto cuando de repente choqué de golpe con un despistado Ignacio que corría como una liebre, porque, como supe más tarde, llegaba tarde a recoger a Susana, su novia en ese momento. Le ayudé a levantarse mientras por megafonía avisaban del retraso de vuelo procedente de Barcelona. Yo estaba esperando a Joan.

Hablamos y bebimos cerveza durante 3 horas, al cabo de las cuales llegaría el avión que nos traería la ansiada visita de nuestras parejas, tras varios meses de separación. Nos despedimos y no volvimos a vernos. Hasta ese día…

El reencuentro en Barcelona…

Habían pasado unos 7 años desde nuestro primer encuentro en el aeropuerto, y ambos se encontraban ya de regreso en Barna. Susana había dejado a Ignacio y este había iniciado una nueva relación hacía ya casi un año con Cristina. Yo seguía saliendo con Joan, posiblemente por comodidad, pereza o costumbre o tal vez porque en el fondo, y aunque no estaba enamorada, tampoco me molestaba ni me daba problemas, hacía pocas preguntas y de vez en cuando me hacía mis viajes con mis amigas en los que os aseguro que hacía lo que me daba la real gana, y en todos los sentidos.

Un día de caminando por la Rambla del Raval me lo encontré, justo al lado del Gato gordo de Botero, y la sorpresa no pudo ser mayor. Nos abrazamos, nos besamos en las mejillas por protocolo y después, de unas torpes y atropelladas frases inconexas decidimos sentarnos a tomar una cerveza en una de las terrazas. Claro que no fue una, fueron al menos 10, por cabeza, tras las cuales seguimos de fiesta por la zona.

No es muy difícil suponer como acabó la noche, en mi casa y en mi cama, de loca total, porque aunque Joan estaba de viaje llegaría ese mismo día sobre la hora de comer. Lejos de arrepentirnos decidimos quedar al día siguiente, y al otro, y al otro…

Ignacio dejó a Cristina pero Susana todavía sin fuerzas para dejar a Joan, él siempre había sido tan dependiente. Pero ella sabía que la situación no podía continuar así, debía que debía ser valiente, como lo había sido antes Ignacio y romper con una relación que lo único que hacía era hacer daño a tres personas. Así que lo hizo.

Hoy Ignacio y yo llevamos 1 año  juntos, no tenemos pensado casarnos, ni tener enanos, ni ser felices para siempre, tan solo queremos disfrutar el tiempo que la vida nos conceda. Y para celebrar nuestro primer aniversario reservamos habitación en el Hotel Mercer, durante todo un finde, un hotel de lujo en pleno corazón del gótico, ideal para aquellas personas que buscan exclusividad y un trato excepcional. Un edificio renovado en su totalidad y proporcionando todas las comodidades modernas que sus visitantes  buscan: espaciosas habitaciones, suites y lofts apartamentos totalmente reformados, en el distrito del borne, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Y menudo fin de semana….