Cuando Su encontró a Pe

25 enero, 2019
Cuando Su encontró a Pe

Cuando Fernanda llegó a Valencia, poco sabía lo mucho que cambiaría. Nada más poner un pie en la ciudad, empezó a buscar trabajo, y como suele ocurrir, encontró un empleo de camarera en un restaurante muy elegante. Apenas tenía tiempo de nada y eso la apenaba un montón, porque desde su llegada aún no había podido visitar la ciudad en condiciones, darse un capricho, visitar la ciudad de las artes y las ciencias, así como otros lugares de interés o de disfrutar de un buen helado de turrón. H-e-l-a-d-o, se decía así mima, como si del mismísimo Homer Simpson se tratara, ya que incluso babeaba y ponía idéntica cara de pánfila que el entrañable personaje de animación.

De cómo Susana empezó con su lucha

El domingo, solo trabajaba por las mañanas, y también descansaba el lunes, pero generalmente estaba tan cansada que solo tenía ganas de irse a su casa, tirarse en el sofá, ver la tele, comer porquerías y quedarse dormida con Paco, el perrete con el que convivía desde hace unos meses. Era su mejor amigo, sobre todo ahora que, nueva en la ciudad, solo se relacionaba con sus compañeros de curro, y no eran precisamente las mejores personas del mundo. Continuamente la vacilaban y cuando no estaba el jefe, le mandaban las peores tareas. Cenicienta, le llegaron a llamar en una ocasión. Todos rieron, pero la broma fue escuchada por un cliente y a más de uno se le acabó la diversión. De entrada, el genial artífice fue obligado a pedirle perdón a Susana, que así se llama la protagonista de esta historia, y teniendo en cuenta que era un auténtico machista, tuvo que costarle horrores hacer semejante cosa. Tenía todo la cara de quien ha sido humillado. Desde luego, su jefe se había pasado un montón. No había sido para tanto, a fin de cuentas, era lo que hacían todos, todos los días, con cada mujer que trabajaba en el local. Una joya de personal, vamos.

Pero, el caso es que detrás de todo esto hay una historia. Susana,  a los pocos días de llegar, se encontró a un perrín abandonado y con toda la pinta de estar muerte de hambre y de frio. Así que se acercó a él y para su horror, se da cuenta de que le han estado pegando cosas en su pelo, pintado el cuerpo con pintura negra y encima, presentaba quemaduras en la piel, presuntamente de cigarro. Así que sin dudarlo y a pesar de no tener apenas dinero, se dirigió con su nuevo amigo al veterinario más cercano. Lo curo, del dinero, dijo, no te preocupes, si colaboras en las ferias animalistas con mi equipo, si te comprometes con la lucha antiespecista, me doy por pagado.

Y así lo hizo. Al principio, el doctor acudía sin faltar, a la una y media de la tarde, justo a la hora a la que Susana comía en una pequeña mesa apartada del restaurante, para comprobar que de hecho había cumplido su palabra. Complacido y orgulloso, descubrió que sí. Y por si todavía no lo habéis adivinado, el cliente que ayudó a la joven fue Andrés, el apuesto veterinario animalista. Y no, no se hicieron novios ni nada de eso. Lamentablemente, Andrés estaba casado. El novio de Su, está a punto de entrar en escena.

En su transición al veganismo, Susana dejo todos los productos de origen animal, excepto el queso y los huevos, eso sí, estos últimos, se los regalaba un cliente del bar, también vegetariano, y que tenía unas cuantas gallinas en un pequeño corral, construido en el jardín de su casa. También tenía huerta y claro, al fina Susana ahorraba un montón de dinero, ya que, al mediodía comía en el restaurante y por la noche, cenaba verduras frescas de la huerta de Pedro. Este pedro que simpático es, y que majete y generoso.

Pero es que Pedro era un joven cántabro, como ella, afincado en Valencia,  que se había enamorado de Susana. Ella, que desconocía esto, seguía viéndolo cada día. Poco a poco, se fueron viendo más y los sentimientos se vieron correspondidos.

Hoy, ella ha encontrado trabajo de educadora social, y él es guardia de seguridad en un cole público. Quien diría que el vago de Pedro iba a aprobar la oposición. Todo ha sido, confiesa, gracias a Academia Marín, una academia multidisciplinar ubicada en Valencia cuya vocación es la formación profesional. En este sentido son especialistas en la preparación de las pruebas de las pruebas de acceso a los ciclos de FP, a la Universidad, a Seguridad Privada y a las Fuerzas y Cuerpos del Estado. Además,  ofrecen cursos de apoyo de distintas áreas tales como apoyo académico, idiomas e informática. Viven en el campo, rodeados de animalitos rescatados, y nunca habían sido más felices.