La literatura infantil para aprender unos buenos hábitos de higiene

11 diciembre, 2019
La literatura infantil para aprender unos buenos hábitos de higiene

Los niños y las niñas, no siempre tienen unos buenos hábitos de higiene, no saben cepillarse bien los dientes y, además, no quieren ir al dentista. La promoción y educación para la salud, juego en este sentido un papel fundamental. Gracias a profesionales, madres/padres y profes, muchos menores españoles, han aprendido, que la salud bucodental, es fundamental para la salud integral del organismo.

En la actualidad, son muchos los profesionales de la odontología que recurren a la literatura infantil para inculcar buenos valores a los más peques, para enseñarles buenos hábitos de higiene. Porque para los niños y las niñas, no hay nada como el ejemplo para aprender. Así lo aseguran en la clínica dental Alfaro, que con 17 años de experiencia a sus espaldas y miles de pacientes satisfechos son, a día de hoy, todo un referente en Albacete. En sus modernas instalaciones cuentan con la tecnología más innovadora para ofrecer a sus paciente los mejores tratamientos: blanqueamiento dental, ortodoncia, implantes dentales, endodoncia, etc.

¿Quieres conocer 3 cuentos infantiles para enseñar a tus hijo@s la importancia de cepillarse los dientes?

3 cuentos infantiles para aprender a cepillarse los dientes

1. Cuento del Sapo Dentudo. Un cuento para enseñar a los más peques de la casa a cepillarse los dientes y a no comer tantas chuches.

Hace mucho, mucho tiempo, hubo un mago que por casualidad inventó un hechizo un poco tonto, capaz de dar a quien lo recibiera una dentadura perfecta. Como no sabía qué hacer con aquel descubrimiento, decidió utilizarlo con uno de sus sapos. El sapo se transformó en un sonriente y alegre animal, que además de poder comer de todo, comenzó también a hablar.

– Estoy encantado con el cambio- repetía el sapo con orgullo- prefiero mil veces las dulces golosinas que seguir comiendo sucias y asquerosas moscas.

Viendo el ragalo tan maravilloso que suponía aquella dentadura para el sapo, y el poco cuidado al elegir sus comidas, el mago no dejaba de repetirle:

– Cuida tus dientes, Sapo. Lávalos y no dejes que se enfermen ni tengan caries. Y sobre todo no comas tantas golosinas…

Pero Sapo no hacía mucho caso: pensaba que su dentadura era demasiado resistente como para tener que lavarla, y las golosinas le gustaban tanto que ni intentaba dejar de comerlas.

Así que un día aparecieron las caries en su dentadura y se fueron extendiendo por su boca poco a poco, hasta que al descuidado de Sapo descubrió que tenía todos los dientes huecos por dentro, y se le empezaron a caer. Intentó cuidarlos entonces, pero ya poco pudo hacer por ellos, y cuando el último de sus relucientes dientes cayó, perdió también el don de hablar.

¡Pobre Sapo! Si no lo hubiera perdido, le habría podido contar al mago que si volviera a tener dientes los cuidaría todos los días, porque no había nada más asqueroso que volver a comer bichos ¡puaj!

2. Cuento Los Dos Hermosos Dientes del Conejo

Había un conejo al que le gustaba mucho comer zanahorias, sobre todo cuando las untaba tanto en azúcar que las convertía en zanahorias de color blanco en lugar de color naranja.

La verdad es que las zanahorias así eran bastante sabrosas pero papá ya le advertía de que comer tanta azúcar iba a hacer que sus dos hermosos dientes, de los que tan orgulloso se sentía, acabaran por estropearse.

-Para cuidar los dientes es importante no comer mucho dulce y cepillárselos todos los días- le recordaba papá.

Una mañana el conejo se despertó sintiendo un dolor enorme en su boca, y acudió al castor dentista para que le hiciera una revisión, no fuera a ser que alguno de sus dos hermosos dientes se cayera o estropeara.

-Mmmm lo que veo conejo es que de tanta azúcar que has tomado uno de tus hermosos dientes se ha agujereado. Para que ese diente no se dañe más, te voy a poner un empaste a base de barro y hierbas y a partir de ahora, menos azúcar y ¡a cepillarse bien los dos dientes!-

Nada más salir de la consulta del castor, y contento pensando en que seguía conservando su dentadura, el conejo fue a comprar un hermoso cepillo de dientes, con cerdas de hierba fresca, para usarlo todas las noches después de cenar. Y además, para evitar que sus hermosos dientes se estropearan, decidió dejar de untar las zanahorias en azúcar, y probó a hacerlo en salsa de tomate ¡y qué buenas estaban también!

Y es que, en realidad, al conejo lo que le gustaba no era ni la salsa de tomate ni el azúcar ¡eran las zanahorias de cualquiera de las formas!

3. Cuento: Ángel no Quiere Lavarse los Dientes. Otro cuento que enseña a los niños y niñas la importancia de lavarse los dientes para tener una dentadura fuerte y sana.

Ángel era un niño muy bueno y cariñoso. Pero, a veces, era un poco desobediente.

Un día, decidió que ya no quería volver a lavarse los dientes. Su madre insistió, su padre también, e incluso su abuela le llamó por teléfono para intentar convencerle.

“Si no te los lavas, se te caerán”, le decía su madre.

Ángel pensaba que, si se le caían, el Ratoncito Pérez le traería regalos, así que siguió sin lavárselos.

Con el paso de los días, sus dientes cada vez estaban más sucios. Además, sus amigos del colegio no querían acercarse a él porque le olía mal el aliento.

Entonces, se le cayó un diente. Ángel, muy emocionado, lo dejó debajo de su almohada. Pero… ¡Al día siguiente seguía ahí! Pérez le había dejado una nota que decía: “Ángel, este diente está demasiado sucio para mi colección. Lo siento, pero no lo quiero”. Muy preocupado, el niño empezó a frotarse los dientes con el cepillo hasta que quedaron perfectamente limpios. Además, limpió el diente que se le había caído para volver a ofrecérselo a Pérez con una nota de disculpa. Al día siguiente, el Ratoncito se lo había cambiado por un regalo y sus compañeros de colegio volvieron a hablar con él porque su boca volvía a oler bien.

Es muy importante inculcarle a los más pequeños la importancia de lavarse los dientes y de adquirir una rutina de limpieza. A veces, una historia llena de fantasía puede ser nuestro mejor aliado y, ¡también fomentaremos su imaginación!

No hay como un buen libro que cuente una buena historia para aprender una buena lección. Y si tú lees, tus hijos lees. Pon un libro en tu vida y en la de los tuyos.