Tener cerca a alguien que sepa contar historias es siempre un motivo no solo de orgullo, sino de ilusión. De ilusión porque, de esta manera, tenemos a alguien que va a tener la capacidad de contar cómo han sido varios de los mejores momentos que hemos pasado con nuestra familia o amigos y que sea capaz de plasmarlo en un papel. Esto tiene un valor incalculable y que sobre todo vamos viendo a través de los años. Y es que nuestras historias con familia y amigos son como el buen vino: cuanto más tiempo pasa, más importantes son para nosotros.
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