Sí, no se puede decir que Laura, no sospechase en parte lo que podía pasar, y de hecho pasó, el día de su despedida. Suponía que Tomás, haría una de las suyas, eso sí, pero no tan gorda. El hombre, de 42 años, con el que se suponía iba a contraer matrimonio, era un borracho insoportable, maleducado hasta la médula y un bocazas. Pero con Laura, se comportaba. Intentaba disimular, suponía ella, y aunque a veces le costaba, en principio Tomi, que así le llamaban, acostumbraba a reservar sus desenfrenos, sus broncas y sus tonterías para otr@s.
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El viejo y sabio refranero popular nos dice que “los ojos son el espejo del alma”, esta frase tan socorrida y tan cierta es un claro reflejo de las secuelas y cambios que se producen en nuestro rostro tras haber pasado por una enfermedad tan incapacitante a nivel emocional como es una depresión o un largo periodo de estrés, puesto que en la mirada y en la expresión de nuestros ojos, se refleja todo nuestro mundo interior, tanto las alegrías como las penas, las emociones, los miedos, el sufrimiento y el estado anímico general de la persona. Por ello, cuando una persona sufre un estado constante de estrés o depresivo junto con su ánimo triste, decadente, su rostro también comienza a manifestar su decaimiento.
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